Sinopsis global de la interpretación

Tras haber hecho una aproximación inicial teórica y un minucioso análisis, ahora intentaremos dar una visión global en movimiento; es decir, una visión no parcializada sino en la que cada elemento tiene sentido por su relación con los demás. Para ello, hay que acudir ante todo al Sol, estrella del sistema, y por tanto estrella de cualquier tema astral. El Sol en Tauro nos habla de una esencia o energía vital sólida y estable, aunque se trata de una energía defensiva o pasiva más que activa; sin embargo, muy agudizada por la mente y acuciada por la agresividad (Sol en conjunción con Mercurio y Marte), además de inhibida por el rigor de Saturno.

La polaridad Sol/Luna, polaridad entre la energía o esencia y la personalidad o forma, se encuentra invertida, ya que el masculino Sol se encuentra en el signo femenino de Tauro y la femenina Luna en el masculino de Aries. Por tanto, Dalí en su esencia es femenino, y en su forma externa, masculino y agresivo.

Por otra parte, esta polaridad Sol/Luna es refractada a través de la función de comunicación y enlace de Mercurio en Tauro; es decir, a través de una comunicación brillante y agresiva, al mismo tiempo que sólida y tenaz. El polo mental opuesto a Mercurio, Júpiter, se encuentra elevado en el sector X y en signo masculino, Aries. Es decir, que la comunicación con el entorno se hace a través de una inteligencia analítica, constructiva, lenta, sólida y minuciosa, pero vigorosa y sintetizada a través de una expresión brillante y agresiva con gran proyección exterior (socioprofesional).

El instinto de vida (Sol-Luna) se ve obstaculizado, en primer lugar, por una rigurosa consciencia o imperativo moral (Saturno en Acuario) y desvirtuado por la insania (inarmonía de la Luna con Urano y Neptuno, en los sectores VI y XII).

Sólo el amor y el arte, simbolizados por esa magnífica Venus en Tauro, elevada y fuerte, puede salvarle de todas estas contradicciones. Pero también su capacidad sintetizadora, que no le hace nunca perder su objetivo, el objetivo de trascenderse a sí mismo y alcanzar las más altas cimas del espíritu (Júpiter, regente del sector religioso e ideológico, el sector IX), capacidad sintetizadora estructurada y de gran potencia. Esta acción de Júpiter, planeta de la globalidad, de la síntesis, que reúne en sí la acción de todos los demás planetas, no sólo le ha permitido un gran rigor intelectual (Dalí ha sido un gran estudioso, tanto de la física actual como de las ciencias especiales, matemáticas, etc. O sea, tanto del arte como de la ciencia), sino, además, toda su vida se ha dirigido a un fin metafísico, evidentemente religioso.

«Desde 1929 he estudiado incesantemente los procesos, los descubrimientos de las ciencias especiales de los últimos cien años. Si no me fue posible explorar todos sus rincones a causa de su monstruosa especialización, comprendí su significado tan bien como el primero. Una cosa es cierta: nada, absolutamente nada, en los descubrimientos filosóficos, estéticos, morfológicos, biológicos o morales de nuestra época niega la religión. Por el contrario, la arquitectura del templo de las ciencias especiales tiene todas sus ventanas abiertas al cielo.

»E1 cielo es lo que estuve buscando a lo largo y a través de la espesura de confusa y demoníaca carne de mi vida —¡el cielo! ¡Ay de aquel que todavía no ha comprendido eso!—. Cuando con mi muleta hurgaba en la pútrida y agusanada masa de mi erizo muerto, era el cielo lo que yo buscaba. Cuando, desde lo alto del Molí de la Torre, hundía la mirada en el negro vacío, también y todavía buscaba el cielo.»74

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