La relación astrólogo-consultante

No me extenderé mucho sobre un apartado complejo y que por sí mismo merecería un extenso estudio aparte. Me atendré a la mera indicación de que la relación astrólogo-consultante viene mediatizada por el lenguaje empleado para la interpretación del tema natal, que puede convertir la consulta desde una terapia psicológica en una deliberación de confesionario, un dictamen técnico o en una chafardería coloquial y, pocas veces, ser una consulta astrológica propiamente dicha, que se atenga con rigor a la riqueza y límites del mero lenguaje astrológico.

Así, ante la complejidad y belleza de la imagen de una rueda zodiacal con sus símbolos planetarios, tan elocuente por sí misma, tan rica en niveles de interpretación, sentimos de inmediato el empobrecimiento inevitable de su traducción en palabras, ya que el lenguaje responde fundamentalmente a una forma lógica de pensamiento, incapaz por sí solo de expresar cabalmente cualquier imagen arquetípica y simbólica.

Así, el Sol será tanto para el varón como para la hembra el Yo consciente, el núcleo vital, pero para la mujer será, además, la imagen del Hombre; y la Luna, además de la sensibilidad y el subconsciente o la madre para los dos, será la Mujer para el hombre. Y así sucede con otros valores planetarios.

Tampoco se conoce a qué clase social pertenece la persona, hombre o mujer, en cuestión. Si a una clase acomodada o a una clase de pocos recursos económicos. Lo que sí puede interpretarse, por ejemplo, respecto a la situación económica, es si la persona estudiada se elevará por encima de su medio familiar, si aumentará sus bienes o si perderá la situación y fortuna de nacimiento.

Y, por último, aunque podemos señalar en grandes líneas su vida personal, como no se trata de adivinar sino de profundizar en el conocimiento de un ser humano, es preferible conocer su historia lo mejor posible. Además, este conocimiento nos puede permitir en ocasiones ajustar con exactitud la hora de nacimiento, ya que podremos cotejar cada hecho personal de relevancia con las configuraciones astrales en curso.

2.3.3. La relación astrólogo-consultante

No me extenderé mucho sobre un apartado complejo y que por sí mismo merecería un extenso estudio aparte. Me atendré a la mera indicación de que la relación astrólogo-consultante viene mediatizada por el lenguaje empleado para la interpretación del tema natal, que puede convertir la consulta desde una terapia psicológica en una deliberación de confesionario, un dictamen técnico o en una chafardería coloquial y, pocas veces, ser una consulta astrológica propiamente dicha, que se atenga con rigor a la riqueza y límites del mero lenguaje astrológico.

Así, ante la complejidad y belleza de la imagen de una rueda zodiacal con sus símbolos planetarios, tan elocuente por sí misma, tan rica en niveles de interpretación, sentimos de inmediato el empobrecimiento inevitable de su traducción en palabras, ya que el lenguaje responde fundamentalmente a una forma lógica de pensamiento, incapaz por sí solo de expresar cabalmente cualquier imagen arquetípica y simbólica.

Pero la cosa no queda ahí. Como sabemos, el lenguaje expresa ideas, vivencias, creencias, de una sociedad dada en un momento dado. Lo que hace, pues, el astrólogo, al tener que recurrir inevitablemente a un determinado lenguaje para su interpretación, es remitirse a un sistema de referencias de una cultura dada: la cultura dominante en su lugar y momento concretos. Con ello queda manifiesta una limitación más: no sólo se trata de la traducción en palabras de una imagen simbólica, sino de la traducción a un lenguaje en uso.

Y a continuación, entramos en una delimitación más: el astrólogo escoge —dentro del lenguaje en uso— la terminología que le es más afín a su personalidad: por ejemplo, en nuestros tiempos, una terminología psicológica, esotérica, científica o del habla corriente. Desde luego, esta terminología responde a enfoques distintos de los muchos que posee la imagen simbólica de la rueda zodiacal: a su aspecto psicológico, a las connotaciones metafísicas o a su aplicación, por ejemplo, a los problemas de la vida cotidiana, entre otras distintas interpretaciones…

Y, finalmente, el astrólogo intenta que esa terminología que le es más afín sea comprensible a su interlocutor, el consultante, sea éste una persona o un medio de comunicación que le ha pedido la interpretación astrológica. Pero, además, el astrólogo necesita, por otra parte, capacidad de expresión y cualidades didácticas —que no siempre le son dadas— para hacerse comprensible a su interlocutor.

Por su parte, el consultante puede encontrarse en situaciones muy variadas y poseer, entre otras cosas, una mayor o menor compensión, debido a su inteligencia, cultura, edad, madurez personal o disponibilidad emocional, por ejemplo. Además, el consultante puede atenerse simplemente a las meras palabras o fijarse en el sentido subyacente —muchas veces dado por los mismos silencios— o entregarse a una serie de asociaciones y sugerencias a las que las palabras del astrólogo le conducen. Además, hay que tener también en cuenta lo que ni siquiera oye porque no puede captar en ese momento, y, desde luego, la interpretación que da a lo oído —a veces, con muy poca semejanza con lo realmente dicho por el astrólogo.

Y como el lenguaje responde siempre a una relación, habría que tener también en cuenta la afinidad y comprensión inmediata que se establece entre consultante y astrólogo, la cual puede facilitar, tergiversar o impedir la comprensión del simbolismo astrológico.

Desde luego, todo ello es muy complejo y daría lugar a una larguísima y rica reflexión, imposible en una simple introducción a la Astrología.

De todos modos, me parece que lo más conveniente es que la consulta astrológica sea considerada como la consulta a un especialista, sin que por ello éste asuma poderes o presunciones especiales: no es ni un sacerdote, ni un adivino o brujo, ni un confesor, sino alguien que ha estudiado un saber milenario, del que intenta buenamente dar una interpretación plausible. Por su parte, el astrólogo debe saber que su interpretación astrológica es un medio más de conocimiento de la persona que le consulta, un medio de una gran profundidad y riqueza, pero no el único. Y que seguramente la misma persona conoce bastante mejor muchas de las facetas de su personalidad o su vida… Es decir, debe existir un respeto mutuo de persona a persona, en la que simplemente una de ellas puede ofrecer un conocimiento que individualmente no le pertenece.

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