El astrólogo

Aparte de las limitaciones intrínsecas al lenguaje verbal, como interpretación de la imagen simbólica de la rueda zodiacal, y de las limitaciones expresivas propias del astrólogo, hay que tener también en cuenta las limitaciones dadas por sus características personales: su grado de inteligencia no sólo personal, sino inteligencia astrológica —así como existen personas con capacidades médicas o matemáticas innatas, también las hay con disponibilidad astrológica innata—. Por otra parte, también debe tenerse en cuenta el grado de mayor o menor, mejor o peor, preparación astrológica de aquél; de su cultura global, no sólo astrológica sino general (desde luego, el astrólogo con una amplia cultura general —astrológica, literaria, filosófica, psicológica, médica, etc.— se encuentra mucho más preparado frente a una interpretación). Aparte, hay que contar con la educación recibida, la historia personal vivida, y, por encima de todo, el grado de evolución personal del astrólogo. Efectivamente, sólo si un astrólogo se conoce suficientemente puede superar las propias contradicciones personales, expresadas en su propio tema astral, y así no proyectarlas sobre el consultante en el proceso de la interpretación astrológica.

Por lo demás, también se encuentra el propio carácter del astrólogo: si es un hombre de acción, su interpretación tenderá a ser de carácter práctico y técnico; si es un hombre mental, tenderá tal vez a un discurso filosófico o metafísico; si emocional, dará primacía a los asuntos del corazón; si instintivo, se limitará al análisis concreto.

Pero, aparte de su carácter y madurez personales, también hay que tener en cuenta en qué etapa personal se encuentra, reflejada ésta por la situación de su propio tema natal en esos momentos.

Finalmente, también cuenta la experiencia del astrólogo, aparte de su personalidad y preparación personal y profesional. Y evidentemente, la experiencia sólo se consigue a fuerza de práctica y de años…

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