Síntesis entre la tradición y la actualidad

«Pero como el método lo es todo en la vida, así lo es también en los ensueños, y me dije: “Salvador, empieza por el principio. Si marchas paso a paso, sin prisas, todo llegará a su debido tiempo. Si obras de otro modo, si te lanzas y empiezas a agarrar y mondar las imágenes que te parecen más apetitosas a primera vista, te hallarás con que tales imágenes, no teniendo una base sólida, no poseyendo una tradición, serán meramente copias; se verán forzadas, como esclavas, a recurrir a otras situaciones semejantes de tu memoria, que ya habrás agotado. Será un plagio patético y no invención, novedad —que es, después de todo, lo que persigues.”

»(…) Eugenio D’Ors hizo una vez una observación profunda acerca de que “todo lo que no es tradición es plagio”. Todo lo que no es tradición es plagio, repite Salvador Dalí.»32

Esta larga cita de Dalí sobre la Tradición y la originalidad es aplicable no sólo al arte, sino a cualquier rama del saber y también a la Astrología.

Efectivamente, para dar un paso hacia adelante con un pie, el otro debe estar firmemente apoyado en el suelo. Si no, te caes o andas a saltos inciertos. Y así, para aportar algo creativo al milenario saber astrológico, para aportar realmente algo nuevo, hay que conocer perfectamente lo que nos ha legado la Tradición sobre ese saber antiquísimo. En caso contrario, corremos el riesgo de inventar la pólvora, de descubrir bajo palabras actuales algo que ya fue dicho hace cientos de años. Y eso en el mejor de los casos, pues el riesgo es que no sea más que una mala y desdibujada copia, en definitiva, un mal plagio. Por ello, para aportar algo que verdaderamente sea una novedad, que suponga un paso hacia adelante en la historia de la Astrología, hay que conocer bien el legado de la Tradición.

Por otra parte, de este legado astrológico se han alimentado distintos aspectos culturales de la Humanidad. Efectivamente, si hacemos un repaso a la Historia, vemos, por ejemplo, cómo las religiones han tomado cantidad de argumentos del saber astrológico. Uno de los ejemplos más notorios dentro de nuestra tradición judeo-cristiana se encuentra en la Biblia: se trata de la analogía existente entre los doce hijos de Jacob y los signos del Zodíaco, de los cuales nacieron las doce tribus de Israel, que aparecen como representaciones simbólicas de los doce signos zodiacales. Por su parte, el historiador Flavio Josefo (37-c. 93 d.C.) nos dice de Abraham que, «tras aprender el arte en Caldea, enseñó a los egipcios el saber de la aritmética y la Astrología durante su estancia en Egipto».33 Por otro lado, bástenos recordar que una festividad cristiana como la Navidad no es más que la trasposición de la celebración de un hecho astronómico-astrológico capital: el solsticio invernal.

También podemos ver cómo la mitología de todos los pueblos se ha enriquecido con el saber astrológico. A este respecto, tenemos la mitología griega, con sus historias sobre Marte (Ares), Venus (Afrodita), el Sol (Apolo), Mercurio (Hermes), Júpiter, Saturno (Cronos), Urano, Neptuno (Poseidón) o Plutón, astros a los que el genio griego revistió de brillantes y profundas imágenes, dándoles la apariencia de dioses.

En la actualidad, la psicología, para explicar el subsconciente, no ha tenido más remedio que acudir a imágenes mitológicas, a su vez basadas en arquetipos astrológicos. Piénsese al respecto tanto en Freud como en Jung. Y, al mismo tiempo, el boom actual de la psicología ha llevado a muchos astrólogos a tomar un lenguaje eminentemente psicológico para su interpretación astrológica. Más aún, si nos ponemos a estudiar la física actual, también podremos observar una serie de aportaciones que confirman los fundamentos astrológicos sobre la unidad existente entre los distintos elementos del Cosmos y, por tanto, entre los astros y el hombre. Así, dentro de la teoría cuántica, un físico como Heisenberg afirma: «El mundo parece, pues, como un complicado tejido de acontecimientos, en el cual las relaciones de diferentes especies se alternan, o se trasladan o combinan y de este modo determinan la estructura del todo.»34 E incluso un oponente a la interpretación cuántica del grupo de Copenhague, David Bohm, afirma: «Uno llega a un concepto de inquebrantable totalidad, que niega la idea clásica del análisis del mundo en partes existentes por separado e independientes (…). Más bien, decimos que la inseparable interrelación cuántica de todo el Universo es la realidad fundamental, y que las partes que funcionan relativamente independientes son simplemente formas contingentes y definidas dentro de este conjunto.»35

Ello se debe a que la complejidad del simbolismo astrológico es tal que a lo largo de la Historia puede ser interpretado desde facetas distintas: religiosa, esotérica, mitológica, psicológica, física, geométrica, etc. Y tal vez siga haciéndolo en el futuro y en ello resida ese magnetismo que posee y que ha subyugado a muchas de las mejores mentes de todas las épocas. Y es que la Astrologia pertenece al acervo cultural de la Humanidad, enriqueciendo con su saber los nuevos descubrimientos a lo largo del tiempo, a la vez que la complejidad que alberga su simbolismo es mejor comprendida a través de estos nuevos descubrimientos.

Pero remitiéndonos al lenguaje propio de la Astrologia y prescindiendo de otros lenguajes, como el esotérico, científico o psicológico —interferencias que responden a una actitud metodológica poco rigurosa—, para así poder avanzar en el lenguaje propiamente astrológico, es necesario, desde luego, conocer la Tradición, nuestro bagaje de cultura astrológica, así como intentar estar al día de otros saberes —en la medida de las propias limitaciones, inevitables en una época en la que el saber está tan multiplicado y parcializado.

De este modo, hay que intentar recogerlo todo: el saber que nos ha legado la Tradición, las aportaciones a la Astrologia realizadas en nuestra época actual y el saber cultural de nuestro tiempo.

En lo que a estas páginas respecta, la intención ha sido tomar de la Tradición los axiomas que han llegado hasta nosotros —en especial, la fuente más relevante, como es Ptolomeo y, posteriormente, la sistematización más coherente, la hecha por Morin de Villefranche—.

 

Pero, al mismo tiempo, reivindicar la validez de las aportaciones astrológicas de la actualidad, en especial aquellas corrientes que dan primacía a la estructura interna o visible del tema astral para una mejor comprensión del mismo. Y, finalmente, hacer una síntesis de ambas facetas, la tradicional y la actual, aplicable al estudio de la interpretación, piedra de toque del saber astrológico, de modo que esa interpretación posea la seguridad que da el conocimiento de la Tradición astrológica, al mismo tiempo que se profundiza y enriquece con la visión estructural aportada por la Astrologia actual. Y ello sin descartar corrientes de nuestra época tan interesantes como la actual teoría de los Armónicos, basada en un saber ondulatorio astrológico caldeo, o los estudios sobre los ciclos planetarios, concepción tradicional aunque enriquecida enormemente por la actualidad o, incluso, los estudios estadísticos, posibles ahora por el gran desarrollo de la informática.

Veamos, pues, en un ejemplo concreto, el del tema natal de Salvador Dalí, cómo ambas facetas, la Tradición y la Actualidad, pueden ser aplicadas a la interpretación astrológica del mismo. Este ejemplo ha sido elegido, porque Dalí, además de genial pintor, era un extraordinario escritor, que nos ha dejado algunas autobiografías exhaustivas. De modo que, en este caso, el análisis astrológico posee un punto de referencia único para comprobar su validez.

Deja un comentario

Identificación