LA TRADICIÓN : Axiomas

La tradición astrológica que ha llegado hasta nosotros fue filtrada y ha perdurado gracias a la obra de Claudio Ptolomeo, nacido en el Alto Egipto. Ptolomeo vivió en Alejandría hacia el año 150 d.C, donde tuvo no sólo acceso a la Gran Biblioteca, sino a los círculos esotéricos allí existentes y, por lo tanto, a las fuentes caldeas y griegas. Ptolomeo recopiló este saber astrológico y nos lo transmitió a través de una serie de axiomas o distinción entre el estado celeste y el estado terrestre. El estado celeste nos habla de la naturaleza esencial de un planeta, el cual posee como elementos variables la naturaleza del signo zodiacal en que se ubica, la naturaleza y situación de su regente y la cualidad de los aspectos que recibe. El estado terrestre de un planeta es su posición en relación al horizonte del lugar de nacimiento, es decir, su ubicación en uno u otro sector astrológico.

Por otra parte, establece una interdependencia signo-planeta, ya que todo signo actúa bajo la dependencia del estado celeste de su regente, y todo planeta actúa en connivencia con el signo en que se encuentra y bajo la dependencia del regente de este signo.

Existe, además, una interdependencia signo-sector y sector-signo, ya que cada sector se expresará a través del signo en que esté su cúspide y cada signo concretará sus significados de acuerdo con dicho sector.

De este modo, un mismo signo no significará lo mismo para todos los mortales, sino que cada uno de éstos lo vivirá de acuerdo con el sector que ocupa en su horóscopo. Así, para uno, Acuario representará una personalidad original (Ascendente en Acuario); para otro, relaciones amorosas libres (Acuario en V); o para un tercero, una familia anticonvencional (Acuario en IV).

Pero como, en definitiva, tanto signo como sector dependen de su regente planetario, es fundamental el análisis de todo planeta. De acuerdo con ello, en primer lugar hay que observar lo que cada planeta es por su naturaleza propia. A continuación, cómo esta naturaleza se expresa de acuerdo con su estado celeste, es decir, según el signo zodiacal en que se encuentra, según su regente y según sus relaciones o aspectos con los demás planetas.

A este respecto, Morin analiza exhaustivamente la naturaleza benéfica o maléfica de un planeta. En la Astrología actual hay un rechazo visceral a

estos términos de maléfico o benéfico, y con razón. De todas formas, hay que tener en cuenta que responden a un vocabulario obsoleto (como, por lo demás, tal vez el término Fuego, Tierra o Aire para expresar estados de la materia como el estado energético, el estado mineral o el gaseoso; o incluso el término mismo de Casas, para expresar sectores de arco, ya que, si por Casa se quiere indicar el lugar propio de un planeta, existe el término domicilio). En cualquier caso, habría, por una parte, que actualizar estos términos obsoletos de «maléfico» o «benéfico», en ocasiones, por ejemplo, a través de los términos de «tensión» y «distensión». Por otra, hay que tener en cuenta qué es a lo que se llama maléfico o benéfico. Benéfico para la Tradición astrológica es aquello que en su naturaleza posee las cualidades que favorecen el nacimiento y proliferación de la vida: el Calor y la Humedad. Así, Saturno será el gran maléfico, por poseer justamente las cualidades opuestas (Frío y Seco), y también Marte, por un exceso de sequedad en su naturaleza, contraria a la vida. En consecuencia, considera como benéfico todo lo que conserva la vida, y maléfico lo que la destruye, aunque sea para su regeneración. Así, los aspectos maléficos serán aquellos de transformación de la naturaleza, y benéficos, los de conservación.

Finalmente y por otra parte, Morin estudia cómo se concreta el significado de un planeta a través de su estado terrestre, es decir, de acuerdo con su ubicación en un determinado sector y su regencia en otros sectores. De modo que, según en qué sector se encuentre, el planeta tomará un significado concreto. Por ejemplo, Venus en el sector V hablará del amor; en el sector II, de dinero. Pero el planeta tomará también otros significados adyacentes por su regencia de otros sectores. Así Venus en Tauro y en el sector II regirá tal vez el sector VII, en Libra, por lo que hablará del dinero de la pareja o socios.

Una vez aclarado esto, seguiremos el análisis que Morin realiza metódicamente respecto a los planetas.

Así:

— Cuando existe un solo planeta en un sector:

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