La actualidad: Estructuras

Al mirar por primera vez un tema astral, la inmediata percepción que tenemos es la de una globalidad compleja que nos llega a través de una sola imagen. Si queremos expresar a continuación esta imagen en palabras, en seguida comprobamos que su riqueza y unicidad se empobrece y desmenuza. Ello se debe a que es una imagen simbólica. En primer lugar, una imagen, y una imagen es en general mucho más rica que cualquier explicación de ella. Recordemos el famoso proverbio chino: «Una imagen vale más que mil palabras.» Ello es equivalente a pasar de la percepción visual directa de una persona, en toda su complejidad, a la explicación de cómo es ésta mediante palabras. Pero además de ser una imagen, es una imagen simbólica. Y, por ser un símbolo, posee una complejidad, riqueza, fuerza y unicidad que sólo el símbolo —mediante su multiplicidad de valores expresados con simplicidad— puede tener.

En esta primera imagen simbólica de un tema astral nos aparece un círculo, el círculo zodiacal, en el que se inscriben una serie de figuras geométricas (las formadas por los trazos que unen los planetas en sus aspectos o distancias angulares, como vimos en el apartado de los aspectos astrológicos). Entre éstas, a veces hay algunas que destacan por su especial fuerza: por ejemplo, la agrupación de varios planetas en un mismo lugar, figura denominada stellium, hecho primordial que capta de inmediato la atención, ya que produce un fuerte impacto de concentración, de intensidad, la impresión de una personalidad que se juega toda la vida a una sola baza. Pero también es notable la figura formada por la división de planetas en dos núcleos opuestos, llamada de oposición, que otorga una sensación de tensión inestable o tensión en movimiento. O, asimismo, la figura que al ojo humano produce la máxima sensación de armonía, distensión y espiritualidad, el triángulo o Gran Trino. Además, se encuentra la figura del Gran Cuadrado, o división de la oposición en dos, que, por tanto, produce una sensación de tensión inamovible.

Por otra parte, estas figuras no sólo destacan aisladamente, sino que poseen un dinamismo que las remite de unas a otras dentro de un proceso evolutivo. En este proceso se alternan fases de tensión/distensión, expresadas visualmente a través de la fuerza plástica de dichas figuras. Y, aunque de un primer vistazo no se vea cuál de estas dos facetas, tensión o distensión, domina en la persona analizada, siempre hay que buscar un equilibrio detrás, un equilibrio vital. De lo contrario, la persona (de la que estas figuras es símbolo en el tema astral que contemplamos) no podría subsistir, ya que, por ejemplo, una sola figura de extrema tensión la haría estallar, por ser gravemente destructiva; por el contrario, una única figura hecha de elementos de distensión la llevaría a su disolución, a deshacerse en la nada por atonía. Y precisamente este juego dialéctico entre tensión y distensión, entre instinto de vida e instinto de muerte, entre afirmación personal a través de una proyección activa frente al mundo o una vuelta al origen, a la fusión pasiva con la totalidad, es lo que hace que esta primera visión del tema astral de una persona, con su juego de figuras geométricas, adquiera una panorámica de inefable intensidad y belleza.

En esta idea de movimiento que posee un tema astral23 hay que tener en cuenta que estas figuras no constituyen más que momentos aislados, «flashes» dentro del continuo girar de los astros en su lento ciclo en torno a la Eclíptica, en su danza cósmica.

Y, efectivamente, tras encontrarse todos los astros juntos en un mismo punto zodiacal, los más rápidos se separan del grupo de los más lentos; y, en este proceso de separación, establecen entre sí distancias angulares que dan lugar a estas estructuras: cuadratura (90°), trígono (120°), oposición (180°), de nuevo cuadratura (270°), hasta, finalmente, llegar a una nueva conjunción. Movimiento éste que sólo aparece de forma fija —en estructuras formadas en un determinado momento— a nuestra mirada.

Como el aspecto cíclico ya ha sido comentado al hablar de los aspectos astrológicos, nos limitaremos ahora a analizar por separado cada una de estas figuras astrológicas que aparecen al primer golpe de vista de un tema astral. Pero sin olvidar por ello que esta generación de unas figuras en otras, y las relaciones dialécticas que establecen entre sí, no son más que fruto de su movimiento cíclico y no pueden ser comprendidas sin atender a la relación establecida entre unas y otras.

Uno de los grandes méritos de la Astrologia actual es el hincapié y traducción a un lenguaje claro de esos dos aspectos estudiados por la Tradición: el estructural (o sincrónico), por el que un elemento viene definido por su relación con los demás elementos dentro de una estructura global única; y el cíclico (o diacrónico), o evolución en el tiempo. De modo que el tema astral es estudiado, ante todo, como una estructura global en constante evolución.

Como vemos en la exposición de las figuras de aspectos astrológicos (analizadas por separado a continuación), siempre existe la posibilidad de una vía de evolución. Si la figura es de tensión, de una vía de escape a ésta; si la figura es de distensión, de algún elemento de ella que aporte, por su parte, la necesaria tensión equilibradora.

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