Amor y pareja

El sector del amor se abre, en el tema astral de Dalí, en el signo de Escorpio, signo del sexo y de la muerte. Marte es su regente y se encuentra en conjunción con Mercurio y Sol, en inarmonía con Saturno. Plutón, su otro regente, se encuentra en el sector XII, el de las dificultades. Por la autobiografía de Dalí, conocemos sus amores atormentados, envueltos siempre en el fantasma de la destrucción y la muerte (Escorpio, Marte en inarmonía con Saturno). Hay que tener en cuenta, además, que Saturno es el regente del Descendente, es decir, de las relaciones con los demás, entre ellas, la de pareja. Como ya hemos citado anteriormente, Dalí siente un enorme vértigo por destruir, y en definitiva matar, a los sucesivos objetos de su deseo, a las mujeres que amó. También por su autobiografía conocemos sus incapacidades sexuales, su impotencia (Saturno en el sector de la muerte y el sexo, en inarmonía con Marte). Sin embargo, ese mismo Saturno tiene salida a través de su relación armónica con Júpiter y Plutón. Júpiter es corregente del sector afectivo y Plutón es también regente de este sector. Es decir, que hay una vía de escape, una vía constructiva que resuelve sus problemas más viscerales y profundos. Finalmente, una vez más, nos remitimos a Venus, diosa del arte y del amor. La magnífica Venus del tema astral de Dalí nos habla de la sublimación de todos estos problemas a través de un gran amor (Venus se encuentra en armonía con Neptuno y con Urano). Sabemos del mito en que Dalí erige a Gala, a la que convierte en su Musa. Sin embargo, no hay que olvidar que la Luna es también símbolo de la mujer y que Saturno rige su sector matrimonial. Ello quiere decir que también Gala encarna todas sus contradicciones, todas su necesidad de muerte, de destrucción. Es como si Dalí, a partir del conocimiento de Gala, proyectara en ella todo su aspecto de perversidad, todos sus traumas. No la mata, ni la tira por el precipicio, pero la absorbe totalmente bajo su figura, ya que Gala dedica íntegramente su vida a la obra de Dalí: ella es la que clasifica sus escritos, la que los va a vender, la que se ocupa de sus obras de arte, la que organiza todo su tinglado comercial. Y es ella la que asume el papel duro, agresivo y desagradable en las relaciones públicas de Dalí. De todos es bien conocido el temor que inspiraba la malevolencia de Gala…

«Y para Gala, la voluptuosidad suprema de ser un esclavo llamado Salvador Dalí.»72

A cambio, la convierte en un ser intocable, en su Musa, es decir, por una parte la asimila, se la come, y, por otra, la eleva a un pedestal casi divino.73

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