Personalidad psíquica: carácter, mente y psiquismo

El Ascendente Cáncer denota una personalidad sensible, imaginativa, fantasiosa, de una emocionalidad regresiva, contenida, en la que los sentimientos quedan coagulados en el interior y se vuelven una y otra vez sobre sí mismos. Las primeras emociones, sobre todo los lazos con la madre, son extraordinariamente importantes, y a ellos se regresa constantemente a lo largo de la vida. Así, vemos como sus cuadros son una continua representación de las primeras vivencias de la infancia, recurrentes a episodios de esta edad (la langosta; el niño vestido de marinerito; los paisajes de la niñez, siempre Cadaqués). Este retorno constante al pasado se ve también en sus relaciones sentimentales. Cada vez que conoce a una mujer, ésta es el compendio de las otras mujeres con las que ha tenido una relación sentimental, aunque fuera sólo en su fantasía (muy típico de Cáncer). Véase, por ejemplo, la Dullita Rediviva, Galuchka Rediviva:

«Mi regresión al período infantil se acentuaba con la delirante ilusión en que me hallaba de que Gala era la misma persona, convertida en mujer, que la niñita de mis “falsos recuerdos” y a quien, al narrárselos, llamaba Galuchka, diminutivo de Gala.»45 Esta regresión se ve en detalles conmovedores. Como cuando, después de no visitar a su padre durante años, y en plena guerra civil, vuelve a su casa de Figueras a las dos de la madrugada para ver a su padre y a su hermana durante un par de horas. Lo primero que hace, tras observar la devastación que había sufrido la casa paterna con el paso de los milicianos, después del cual había vuelto a su normalidad de siempre, es subir rápidamente al desván para comprobar si el cajón de un viejo mueble, que contenía aquellos objetos inútiles, como pueden ser unos botones o unos imperdibles, seguía en el mismo estado de su infancia.

La infancia, ia recurrencia del tema del mar, la fantasía desbordante, son típicas de la sensibilidad de un Ascendente en Cáncer. (S. Dalí, «Dalí a la edad de seis años, cuando creía ser una niña, levantando la piel del agua para ver a su perro dormido a la sombra del mar», 1950.)

La evanescencia del sueño se materializa; la consistencia de la realidad se ablanda en Dalí. (S. Dalí, «La persistencia de la memoria», 1931.)

«Emocionado hasta las lágrimas, me acerqué a un pequeño secreter de madera de cerezo, que me sabía de memoria. Toqué su corazón. Su corazón, les explicaré a ustedes, era un pequeño sistema de cajoncitos, probablemente destinados a guardar papel de escribir y sobres (…) esos cajoncitos estaban siempre vacíos, excepto un compartimento del fondo, al que la mano apenas podía alcanzar con la punta de los dedos (…). Así, pues, con palpitante corazón metí la mano en el fondo del misterioso corazón del secreter, y con las puntas de mis dedos sentí en seguida el exacto contacto de todo lo que esperaba. Todo estaba allí: dos o tres llaves, una mohosa, otra más pequeña, muy brillante; los imperdibles. Con las puntas de mis dedos acaricié sucesivamente los botones, el pequeño relieve cónico de la abollada moneda de cinco céntimos, el quebrado marfil tallado que sentí pegajoso en la punta de su reglamentaria cicatriz… Di media vuelta. Sabía que, detrás de mí, una reproducción con marco circular, sobre la cama, ocultaba una redonda mancha de humedad en ese mismo sitio. Cuando era pequeño levantaba esta pintura, y casi siempre salía corriendo una arañita. Lo probé entonces. La mancha había desaparecido, pero una arañita se escurrió hacía afuera, exactamente como cuando era chico.»46

Pero típico también del Ascendente en Cáncer es su extraordinaria imaginación, fantasía y tendencia al ensueño.

«El mismo día en que encontré la cuadra del sueño en el patio del castillo, mientras tomo café y una copa de coñac, después de la cena, concibo, bajo forma de sueño, un proyecto que debo realizar en mi ensueño general. Expongo muy rápidamente esta parte del sub-sueño porque es enormemente larga y compleja.»47

Pero también nos habla en su autobiografía de las largas veladas imaginando extrañas formas en las nubes, que cobraban una extraordinaria presencia, que más tarde reflejaría repetidamente en sus cuadros a lo largo de su vida. No en vano llama a uno de ellos La persistencia de la memoria. Esta persistencia de la memoria, esta fantasía extrema, esta imaginación y originalidad personales llegan a extremos paroxísticos, a extremos de verdadera insania, aunado a su necesidad apremiante de afirmarse precisamente en esta insania, en esta su imaginación y su mundo particularísimo, y a través de esta afirmación, por encima de todo poseer una proyección externa.

«Toda mi ambición en el plano pictórico consiste en materializar, con el ansia de precisión más imperialista, las imágenes de la irracionalidad concreta.»48

«El mecanismo paranoico no puede aparecérsenos, desde el punto de vista específicamente surrealista en el que nos colocamos, sino como una prueba del valor dialéctico de este principio de verificación, por el que prácticamente pasa al dominio tangible de la acción el elemento mismo del delirio; no puede aparecérsenos sino como la garantía de la victoria sensacional de la actividad surrealista en el terreno del automatismo y del sueño.»49

«… metamorfoseándose las manchas (desconchados en la pared) en una cabalgata de apariciones siempre renovadas, que servían de fondo ilustrativo al curso copioso y soñador de mi violenta imaginación, la cual se proyectaba sobre el muro con el máximo de su fuerza de materialización luminosa, todo como si mi cabeza hubiese sido un verdadero proyector de películas.»50

Como hemos dicho, es a través de esta enorme fantasía, de esta afirmación de su imaginación, como intenta llegar a las alturas.

«Desde mi primera infancia me esforcé desesperadamente por estar en la “cumbre”. He llegado a ella, y ahora que estoy en ella, en ella me quedaré hasta que muera.»51

En definitiva, necesidad de una afirmación extraordinaria de sí mismo a través de una imaginación que llega a la insania y una creatividad y originalidad que alcanza el paroxismo.

Por otra parte, existe una importante faceta de la personalidad (la formada por el stellium en Tauro): instintiva, sensual, realista, que ama por encima de todo el goce de la vida, el disfrutar de ésta, muy apegada a los bienes terrenales, a la seguridad material, astuta en ello y desconfiada, bastante a la defensiva, con un gran sentido de la propiedad. Personalidad, pues, materialista y sensual, con un gran instinto de conservación y una enorme resistencia. A ello se une una extraordinaria capacidad de trabajo y una tenacidad sin límites. Esta faceta de la personalidad tiñe no sólo su energía vital, sino su mente, su capacidad de acción y su afectividad.

Sin embargo, toda esta necesidad de goce, de placer sensual, de necesidad material, de riqueza, se ve inhibida por un extraordinario rigor (inarmonía de planetas en Tauro con Saturno en Acuario). Es decir: todo ello sólo es posible si existe al mismo tiempo un gran rigor, mediante una exigencia personal tremenda, una necesidad de disciplina, de método, de análisis minucioso. Al mismo tiempo, a pesar de esta necesidad de placer, existe una gran inhibición en la relación con el exterior, una gran dificultad para ella; una tendencia, pues, a la soledad a pesar suyo. En ello el instinto de placer y el instinto de muerte van estrechamente unidos: por una parte, la exigente necesidad de satisfacer el deseo, de disfrutar, y, por otra, la represión de este deseo.

«El día siguiente dispuse la metódica distribución de los acontecimientos de mis días venideros, pues con mi avidez por todas las cosas, resultado de mi nueva y rebosante vitalidad, advertía que necesitaba un mínimo de orden para no destruir mi entusiasmo en deseos contradictorios y simultáneos. Comprendí muy pronto que, con el desorden con que me movía, deseando gozar y morder y tocarlo todo, acabaría por no poder probar ni saborear nada, y que cuanto más querría asir el placer, intentando aprovechar la golosa economía de un solo gesto, tanto más este placer resbalaría y escaparía a la excesiva codicia de mis manos.

»El sistemático principio que ha sido la gloria de Salvador Dalí empezó así a manifestarse en esta época en el meditado programa en que todos mis impulsos eran pesados, un programa jesuítico y meticuloso, por el cual trazaba para mí mismo, como por adelantado, el plan, no sólo de los acontecimientos, sino también de la clase de emoción que había de sacar de ellos en toda la duración de mis días sucesivos, que prometían tan sustanciosos. Pero mi sistemático principio de acción consistía tanto en la perversa premeditación de este programa como en el rigor y la disciplina que, una vez adoptado el plan, dedicaba a hacer su ejecución estricta y severamente exigente.

»Ya a esta edad aprendí una verdad esencial, esto es, que se requería una inquisición para dar una “forma” a la báquica multiplicidad y promiscuidad de mis deseos. La inquisición la inventé yo mismo, para el uso exclusivo de la disciplina de mi propio espíritu.»52

«(…) y cada infracción de estas reglas debía pagarse inmediatamente con una buena dosis de angustia y sentimiento de culpabilidad.»53

«Esta capacidad de trabajo inspiraba respeto a todo el mundo, ora pegase piedras a mis telas o trabajase minuciosamente en mis pinturas horas enteras, o pasase el día tomando notas intentando desenmarañar un complicado texto filosófico. Lo cierto es que, desde que me levantaba, a las siete de la mañana, mi cerebro no descansaba un solo momento en el curso del día entero. Aun mis paseos idílicos los consideraba yo una penosa y exigente labor de seducción. Mis padres estaban siempre diciendo: “¡Nunca para un segundo! ¡Nunca se da un descanso!” Y me aconsejaban: “Mira que no volverás a ser joven, debes aprovecharlo.” Yo, sin embargo, estaba siempre pensando: “Anda, date prisa en envejecer, eres horriblemente ‘verde’, horriblemente ‘ácido’.”»54

Vemos aquí como el tema de la vejez, en el fondo el tema de la muerte, lo obsesiona, inhibe su placer o distorsiona este placer hacia derroteros sadomasoquistas.

Objetos comestibles, oralidad y sexo, en este «teléfono afrodisíaco». (S. Dalí, «Teléfono-bogavante», 1936.)


Realismo y oralidad de Tauro. (S. Dalí, «La cesta del pan», 1945.)

Esta enorme capacidad de trabajo, típicamente taurina, esta resistencia y tenacidad, constituyen un leit-motiv toda su vida.

«… sentía que estaba alcanzando aquel límite de disciplina cotidiana, compuesta del ritualizado perfeccionamiento de cada momento, que conduce por atajo directo al borde mismo del ascetismo. ¡Me habría gustado vivir en una cárcel! Estaba seguro de que, si hubiese vivido en una cárcel, no habría echado de menos un solo ápice de mi libertad. Todo en mis pinturas iba tomando cada vez un sabor más severo y monástico.»55

«De la Academia a mi pieza, de mi pieza a la Academia, y nunca pasaba mi presupuesto de una peseta diaria. Mi vida interior no necesitaba nada más; al contrario, algo más me habría estorbado con la intrusión de un insoportable elemento de desagrado.»56

Pero el rigor no sólo es para llevar una labor productiva, para rendir y trabajar, sino que es un rigor teórico. Este rigor o «clasicismo», como él lo llama, constituye otra de las tónicas de su vida.

«A pesar de mi generoso entusiasmo inicial, pronto me desilusionó el equipo profesional de la Escuela de Bellas Artes. Inmediatamente comprendí que esos viejos profesores, cubiertos de honores y medallas, no podrían enseñarme nada. No se debía esto a su academicismo ni a su filisteísmo, sino, al contrario, a su espíritu progresista, abierto a toda novedad. Esperaba hallar límites, rigor, ciencia. ¡Me ofrecieron libertad, pereza, aproximaciones!»57

Este rigor que le lleva a un ansiado clasicismo y a una revalorización de la tradición, le hace decir: «Pero como el método lo es todo en la vida, así lo es también en los ensueños, y me dije: “Salvador, empieza por el principio (…). Si te lanzas y empiezas a agarrar y mondar las imágenes que te parecen más apetitosas a primera vista, te hallarás con que tales imágenes, no teniendo una base sólida, no poseyendo una tradición, serán meramente copias; se verán forzadas, como esclavas, a recurrir a otras situaciones semejantes de tu memoria, que ya habrás agotado. Será un plagio patético y no ‘invención’, ‘novedad’, que es, después de todo, lo que persigues.”»58

«Mi gloria surrealista no valía nada. Debía incorporar al surrealismo en la tradición. Mi imaginación debía volver a ser clásica… tenía que empezar a luchar por una cosa que era “importante”. Esta cosa importante había de hacer “clásica” la experiencia de mi vida, dotarla de una forma, una cosmogonía, una síntesis, una arquitectura de eternidad.»59

Este rigor no es, sin embargo, más que a costa de Una gran angustia.

«No me pasa nada. Se que mi gloria está ahí, a mi alcance madura como un higo olímpico; (…). Y, con todo, me siento esclavo de una angustia creciente (¡no se de dónde viene ni a dónde va! ¡Pero es tan poderosa que me asusta!).»60

Esta misma configuración de placer taurino, inhibido por el rigor saturnino, se da también en su, dijéramos, canibalismo. Constantemente dice que la obra debe ser comestible e intenta incorporar oralmente todo cuanto toca. Hay múltiples ejemplos de que cualquier objeto se lo lleva a la boca como forma de conocimiento. «Cualquier toma mía de conciencia se materializaba en golosinas y cualquier golosina se convertía en una toma de conciencia.»61 Esta oralidad le lleva incluso a decir:

«Bretón ha dicho: “La belleza será convulsiva o no será.” La nueva edad surrealista del “canibalismo de los objetos” justifica también esta conclusión: la belleza será comestible o no será.»62

Vemos, pues, a pesar del dominante elemento taurino de la personalidad que le da sensualidad, exigencia de goce, instinto práctico, amor a la riqueza, un matiz estrictamente saturnino: desde la necesidad de soledad hasta la necesidad de rigor, necesidad de tradición y atracción por la vejez.

«Era feliz, pues acababa de redescubrir el paisaje del llano del Ampurdán, y mirando este paisaje por entre los barrotes de la prisión de Gerona, me di cuenta de que por fin había conseguido envejecer un poco. Esto era todo lo que deseaba, y era todo lo que por varios días había deseado arrancar y exprimir de mi experiencia en Madrid. Era hermoso sentirse algo más viejo y hallarse en una “verdadera cárcel” por primera vez. Y finalmente, mientras durase aquello (la cárcel de Gerona), me sería posible dar alivio a la tensión de mi espíritu.»63

También la necesidad de apropiarse oralmente de las cosas y de los seres amados puede llegar al deseo de destruirlos, al deseo de incorporarlos totalmente a sí mismo.

«Una de las centelleantes ideas que cruzaron mi mente fue la de precipitar a Gala desde lo alto del campanario de la catedral de Toledo, lugar donde había sentido ya parecidas tentaciones, una vez que subí a él en compañía de una muchacha muy linda que había conocido en Madrid… El simple procedimiento del veneno, sin embargo, no me interesaba, y volvía siempre a mis “viciosos precipicios” (…).

»(…) “¡Aprovéchate y mátala!…” Yo pensaba: ella me enseñará el amor, y después, como lo he querido siempre, regresaré solo.»64

Sin embargo, esta necesidad de rigor que hemos mencionado, se ve ayudada por su capacidad de proyectar externamente cualquier acontecimiento de su vida, de expandirse hacia el exterior, de sublimar hacia una realización cualquier obra. No sólo ya por absoluta necesidad de afirmación frente al exterior, sino por su facilidad, finalmente, de contacto con éste a pesar de todas sus inhibiciones y rigores.

Pero a pesar de ello, tanto su loca fantasía y originalidad como su necesidad de disfrute y rigor debían tomar una dirección para realmente sublimarse. Y qué dirección toman: la dirección que toman es el arte.

Sin embargo, esta cuestión se aparta de la mera descripción del carácter y la personalidad, por lo que será analizada más tarde. A continuación, describiremos el tipo de mente, el tipo de inteligencia de Dalí.

Hemos hablado ya del rigor empleado por Dalí, o que él se exige, para poder plasmar toda su extraordinaria fantasía, su loca imaginación, su extrema creatividad.

Este rigor simbolizado por su Mercurio en Tauro situado entre el Sol y Marte, es decir, una inteligencia sólida, brillante y extremadamente agresiva, todo ello inhibido por el imperativo moral de Saturno en Acuario, le lleva a su famoso método «paranoico-crítico». A través de este método analiza obsesiva e implacablemente los temas que le son tan caros: el arte oral, comestible como él dice, las obras de los grandes maestros, su afirmación frente al mundo por encima de todo, su acida crítica hacia la cultura vigente.

«En estas circunstancias, Salvador Dalí, con el aparato preciso de la actividad paranoico-crítica en la mano, se halla menos dispuesto que nunca a desertar de su puesto cultural intransigente, y propone desde hace tiempo que se intente comer también las surrealidades (…). Que el mundo imaginativo y de la irracionalidad concreta sea de la misma evidencia objetiva, de la misma consistencia, de la misma dureza, del mismo espesor persuasivo, cognoscitivo y comunicable que el del mundo exterior de la realidad fenoménica (…). La idea paranoico-crítica descubre por medio de este método unos “significados” nuevos y objetivos de lo irracional, traspasa tangiblemente el mundo del delirio al plano de la realidad.»65 Es decir, intenta de una forma impecable y obsesiva hacer reales, tangibles, sus delirios, tan tangibles que sean palpables y «comestibles». No puede expresarse mejor esta obsesividad de una inteligencia concreta, como es una inteligencia en Tauro, con esa acidez de la conjunción de Mercurio con Marte y el brillo que le da el Sol, inhibidos por el rigor obsesivo de Saturno.

Placer y muerte, oralidad y muerte: obra de arte comestible. Recuérdese la pintura Calavera de muerto atmosférico sodomizando a un piano de cola, en la que la sodomización la realizan las mandíbulas de una calavera.

Sin embargo, hay muchos locos sueltos con un monólogo delirante. ¿Cómo Dalí logró trascender esta locura o dar solución a ella? A través de su gran capacidad de expandir su pensamiento hacia el mundo exterior y su gran constructividad en ello. En definitiva, Júpiter que también nos habla de su inteligencia (planeta de naturaleza mental, rige aquí el sector IX, el del pensamiento abstracto, y el VI, el trabajo), se encuentra extraordinariamente elevado en el tema y en un signo de actividad como es Aries, aunado a la profundidad de Plutón y a la constructividad de Saturno. O sea, es la capacidad de plasmación, de expresión y expansión, todo ello con una gran profundidad y haciendo suyos los fenómenos del subconsciente (Plutón). O también podría decirse, la capacidad de manifestar los móviles profundos del subconsciente (Plutón) de una forma constructiva (armonía con Saturno) y mediante una gran capacidad de expresión y exteriorización (armonía con Júpiter).

 

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