Los planetas telescópicos o de reciente descubrimiento

El Zodíaco mesopotámico

El Zodíaco mesopotámico tenía como punto de referencia el eje de las estrellas Aldebarán/Antares, situadas a 15° de Tauro y a 15° de Escorpio respectivamente, por lo que se llama “sidéreo” (de astros), teniendo, pues, su comienzo a 0° de Tauro.

Los griegos heredaron este Zodíaco, pero cambiaron su eje, que pasó a iniciarse con el Punto Vernal. Este Zodíaco griego, llamado “trópico” (un año trópico es el lapso transcurrido entre dos pasos consecutivos del sol por el Punto Vernal), es el que ha prevalecido en Occidente y empieza a 0° del signo de Aries.

Esta desviación se originó en un  momento en el que la precesión de los equinoccios y el Punto Vernal coincidían, lo que dio lugar a una interpretación errónea del Tetrabiblos (a.150) de Ptolomeo, nunca mejor dicho lo de “traduttori traditori”, error que se ha perpetuado en la astrología occidental, la nuestra.

Y ello hace que la coherente estructura del Zodiaco mesopotámico se desvirtúe en nuestro Zodíaco greco-occidental y, en consecuencia, se pierda el sentido simbólico de planetas, signos y relaciones planetarias, simbolismo que se va repitiendo, como loros,  de unos astrólogos a otros pero sin conocer su origen.

De ahí,  la importancia y vigencia del legado mesopotámico para el estudio astrológico de los planetas descubiertos en estos últimos siglos, como Urano y Neptuno, que no fueron considerados por los mesopotámicos por razones obvias y, en consecuencia, no formaron parte del bagaje astrológico de la época.

De hecho, el estudio de  la estructura que subyace en el Zodíaco Fijo establecido por los mesopotámicos puede servir de referencia tanto para fundamentar la naturaleza que hay que atribuir a los planetas de reciente descubrimiento como para establecer qué signos zodiacales deben regir.

Así, la asignación de Urano como regente de Acuario y la de Neptuno como regente de Piscis encajan perfectamente en la lógica que dio lugar al Zodíaco mesopotámico.

Identificación