Saturno – Simbolismo

Dentro del Zodíaco, Saturno ostenta la regencia de los signos de Capricornio y Acuario.

Dentro de la rueda zodiacal, Capricornio se halla opuesto a Cáncer, y Acuario, a Leo. Por tanto, el Saturno de Acuario se encuentra en dialéctica oposicional al Sol, regente de Leo, y el Saturno de Capricornio, en dialéctica oposicional a la Luna, regente de Cáncer.

Hemos visto cómo Cáncer significa el origen, las aguas maternas, la gestación, nutrición y cuidado de un nuevo ser, y que su regente, la Luna, es un planeta en estrecha relación con los líquidos (recordemos su influencia en las mareas), así como con el ciclo de renovación mensual de la mujer. De este modo, y como nuestro cuerpo está formado de un 80 % de agua, resulta que por analogía la Luna rige el cuerpo físico y todos los procesos relacionados con la gestación femenina. Por tanto, la Luna, regente del signo de Cáncer,  está considerada como uno de los astros femeninos por excelencia. En contrapartida, por su oposición a Cáncer-Luna, el Saturno de Capricornio significa el esqueleto de este cuerpo al que sustenta y estructura.

Por su parte,  Leo es el signo de la conciencia del Yo, del pleno desarrollo individual, en el que el hombre se considera como centro y eje. Su regente, el Sol, es la estrella de nuestro sistema, en torno a la cual giran todos los planetas, entre ellos la Tierra, de los que constituye su centroenergético, su fuente de luz, calor y vida. En oposición a Leo-Sol, el Saturno de Acuario será, pues, la muerte del Yo en favor del Nosotros, del individualismo en favor de la fraternidad y solidaridad. Por tanto, aquí Saturno cumplirá un rol de muerte del Yo, en aras de una conciencia del Nosotros, de un imperativo moral que niega los valores del individualismo egocéntrico.

En definitiva, el Saturno de Capricornio sería la muerte del cuerpo (lunar) de Cáncer, constituyendo su esqueleto, y el Saturno de Acuario, la muerte del Yo de Leo, el superego que hace morir al ego individual, el Nosotros colectivo frente al egotismo individual.

Por otra parte, al estudiar la relación Sol-Luna, vimos como estos dos astros constituyen las luminarias de nuestro planeta: la luz del día, el Sol, y la luz de noche, la Luna. Pero ya dijimos que en realidad sólo existe la luz del Sol, siendo la luz de Luna un mero reflejo de la de aquél. Por tanto, considerábamos que el Sol y la Luna forman una unidad, una unidad de luz, vital para nuestro planeta; representando la luz del Sol nuestra energía vital, y la luz de la Luna, la forma, nuestro cuerpo hecho de agua. Por tanto, la vida, el potencial vital y energético de una persona concreta, puede verse fundamentalmente en un tema astral por la posición y relación entre ambas luminarias.

Frente a estas luces, el Sol y la Luna, se opone en la rueda zodiacal —como antes hemos señalado— Saturno. Por tanto, frente a la luz de Sol-Luna se opone la oscuridad y frialdad de Saturno. Frente a la vida se opone la muerte. Muerte necesaria para una organización y estructuración del ser, pero muerte al fin frente a la vida.

El símbolo gráfico de Saturno (  ) está formado por una cruz sobre el semicírculo. La cruz es símbolo de la materia, o realidad concreta percibida por nuestros sentidos, por encontrarse dentro de las coordenadas de espacio y tiempo, a semejanza del entrecruzamiento de sus dos aspas. Esta cruz, pues, se sitúa encima y domina el semicírculo, símbolo de la receptividad hacia lo ilimitado, a la inteligencia o al espíritu. Es decir, que Saturno simboliza un principio de realidad: Saturno hace posible que las cosas tengan una dimensión concreta, que cualquier ser o creación pueda existir mediante una organización, un orden y, por encima de todo, una estructuración. Así, aunque el esqueleto no constituya precisamente la imagen del cuerpo vivo, éste permite que el cuerpo se organice, se sustente y se mueva. Y también es verdad que Saturno nos hace renunciar a nuestro Yo, a nuestros deseos individuales y egotistas, pero ello es para que podamos trascendernos a nosotros mismos y proyectarnos a una dimensión superior, a una realización moral, intelectual o incluso material.

Saturno es, pues, ese principio de realidad que hace que las cosas sean posibles, agente de destrucción para permitir una renovación de la vida, la crisis de crecimiento para que podamos evolucionar. También es el que corta todo aquello que no reúne las condiciones de solidez y estructuración para poder existir, todo aquello hecho sin base o a la ligera. Debemos saber que el metal de Saturno es el plomo.

En resumen, Saturno es un principio de realidad, de estructuración, de concentración, que puede ser vivido como inhibición, frustración, lentitud y retrasos.

CLAVE SIMBÓLICA (Fríaldad y Sequedad)

Principio de realidad
Estructuración, concentración
Inhibición, lentitud

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