Resonancia de los ciclos planetarios: Armónicos

Al nacer un niño podemos levantar el mapa del cielo de ese momento y ver qué relaciones planetarias se producen, cuáles son las fuerzas cósmicas en juego de ese momento preciso, fuerzas de las que participa naturalmente nuestro planeta Tierra, ya que éste forma parte del campo energético del sistema solar. Nosotros, por nuestra parte, formamos parte de este planeta Tierra, en la medida en que somos, por nuestro cuerpo, naturaleza, naturaleza pensante, pero naturaleza al fin.

De modo que, al nacer en una determinada fase del ciclo cósmico de nuestro sistema planetario, participamos de alguna forma de la naturaleza de éste.  En consecuencia, las relaciones planetarias de nuestro sistema solar en el momento de nuestro nacimiento explican nuestra naturaleza, la cual participa de la naturaleza global de ese momento. De ese modo, si existen unas relaciones planetarias de tensión, nuestra naturaleza participará de su tensión; si configuraciones de distensión, poseeremos una naturaleza más relajada y tranquila.

Dado que estas relaciones planetarias —como hemos visto— se insertan dentro de un ciclo, podemos en consecuencia prever cuáles serán las futuras fases por las que atravesará nuestra propia naturaleza. En definitiva,  como nuestra naturaleza está hecha de la misma naturaleza cósmica que reina en nuestro nacimiento, ella resuena en consonancia con esos ciclos cósmicos.

Esta resonancia entre naturalezas afines o entes que participan de una misma esencia es la base de la «analogía», fundamento del pensamiento astrológico.

Y dentro de esta línea se encuentra la teoría de los «Armónicos» o resonancia de ondas. Esta teoría, que parte de Babilonia, es recogida por Pitágoras15 y continuada entre otros por Ptolomeo en sus Armónicas y sobre todo por Kepler, con su teoría musical de los aspectos planetarios.16 Teoría actualizada recientemente por el inglés John Addey en su muy interesante obra Harmonics in Astrology17 y por el español Demetrio Santos en sus obras Investigaciones sobre Astrología y Astrología Teórica.18

Según la teoría de los Armónicos o números armónicos, las relaciones planetarias de un tema astral de nacimiento resuenan de acuerdo con la naturaleza de los números enteros que implica la división del círculo zodiacal. «Seguramente, todas las divisiones del círculo poseen su significado, y siempre el significado debe encontrarse en el simbolismo del número por el que el círculo es dividido.»19

Así, la oposición resuena de acuerdo al número 2; los trinos, al número 3; las cuadraturas, al 4. De ahí, la importancia extraordinaria atribuida al simbolismo de estos números. Así, el número 1 expresa potencialidad; el número 2 participa de la naturaleza de la tensión; tensión, sin embargo, sublimable, por su dinamismo; el 3, de la naturaleza de la distensión; el 4, del bloqueo de la tensión del 2 (2 × 2 = 4), etc.

Pero aún más: puede verse de acuerdo a qué armónicos resuena un tema astral individual dividiendo éste en una serie de subtemas o «temas armónicos». Para ello, deberán dividirse las posiciones eclípticas de los planetas por el número armónico deseado. Con ello podrá destacarse de qué modo resuena el tema radical a la naturaleza del número armónico en cuestión. Así, si se divide por 4, resonará de acuerdo a la tensión realizadora que implica el 4; si se divide por 3, de acuerdo a la armonía y el equilibrio de este número. (Véase el Apéndice I.)

Ambas teorías, la de los Ciclos20 y la de los Armónicos21 o resonancias, constituyen realmente el fundamento de la teoría de los aspectos astrológicos o relación angular entre planetas a lo largo de su evolución cíclica. Y, en consecuencia, mediante ambas se explica la naturaleza de un ser nacido en un momento dado y las fases cíclicas del futuro desarrollo de éste.

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