Evolución temporal: los ciclos (o aspectos) planetarios y su resonancia o Armónicos

Hemos estudiado hasta aquí cómo la naturaleza de los planetas se define a partir de su posición dentro de la estructura zodiacal o Zodíaco fijo.

Sin embargo, los astros no están fijos sino que se mueven constantemente y, además, se mueven de forma regular. La regularidad del movimiento de un astro, o sea su ciclo, es lo que nos permite conocer la naturaleza de su relación con nosotros y hace posible su predicción, es decir, las distintas técnicas de previsión astrológica.

Efectivamente, la regularidad del movimiento de un astro, es decir, la regularidad de su ciclo, permite no sólo conocer su naturaleza, dado que cada fase de su evolución nos es conocida en sus efectos, por repetirse cíclicamente, sino también su desarrollo futuro, ya que una fase semejante se repetirá en determinada fecha concreta futura.

Por otra parte, y como bien sabemos, nuestra vida está inserta en ciclos. Así, hay el ciclo diario del día y la noche: por el día se estimula la vida activa y social; por la noche, la vida íntima y el reposo. También hay un ciclo anual, el de las estaciones: en la primavera de nuestras latitudes, la vegetación despierta resurgiendo hacia una nueva vida; en verano, resplandece; en otoño empieza su ocaso, y en invierno, muere. Pero también nosotros mismos tenemos ciclos específicos: el período de renovación mensual de la mujer es uno de ellos. Asimismo, en un determinado momento del día, distinto para cada cual, le sobreviene un cierto bajón o se encuentra más animado; en determinadas épocas del año nos sentimos revigorizados y, en otras, no podemos con nuestra alma. Es decir que nuestra vida está hecha de ciclos, algunos de ellos muy evidentes, y otros, debido a su complejidad y sutilidad, menos visibles en apariencia.

Ahora bien, sabemos que el ciclo diario, del día y la noche, se debe a la rotación de la Tierra sobre sí misma; el anual, de las estaciones, a la relación de la Tierra con el Sol; y el menstrual de la mujer, al ciclo lunar. Por tanto, nuestra vida, no sólo está inserta en ciclos, sino que éstos se encuentran en relación con los ciclos planetarios de nuestro sistema solar.

Aún más, nacemos en un momento concreto, es decir, dentro de una determinada fase de un ciclo planetario, por lo que, en cierta medida, nuestra evolución corre en paralelo con la evolución de este ciclo. Así pues, nuestra naturaleza se encuentra en sintonía con ese momento cósmico, en resonancia con la naturaleza de la situación planetaria del momento en que hemos nacido, lo que nos llevará a lo largo de la vida a responder de algún modo a la frecuencia de ese momento planetario. Por ejemplo, si nacemos en un momento de gran tensión cósmica, nuestra naturaleza será tensa, necesitada de acción y, en consecuencia, tenderá a la transformación de sí y de la realidad circundante. Si, por el contrario, nacemos en un momento de calma, nuestro carácter tenderá a ser tranquilo y equilibrado, y se inclinará a la conservación y estructuración.

  • Naturaleza de los aspectos o ciclos planetarios
  • Aspectos Mayores y Menores
  • Aspectos y su interpretación
  • Aspectos y su interpretación: Resumen
  • Resonancia de los ciclos planetarios: Armónicos
  • Orbe de influencia
  • Retrogradación

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