Triplicidades

Pero, como estudiamos con anterioridad, en el pensamiento astrológico cada ciclo de evolución está compuesto de 3 fases: la cardinal, o inicio de una energía, la fija, o reacción a la anterior y fijación de su energía, y la mutable, síntesis y materialización de ambas. De ahí que estas cuatro puertas, constituidas por los equinoccios y solsticios, dan lugar a los 12 signos del Zodíaco.

Los 12 signos del Zodíaco no se hallan, pues, en relación con las 12 constelaciones homónimas, sino que se basan en las relaciones establecidas entre el Ecuador Celeste y la Eclíptica o recorrido anual del Sol.

No hay que confundir, por tanto, los equinoccios y solsticios con el inicio de las estaciones en nuestro hemisferio, el Norte, ya que entonces se producen aberraciones tales como que el equinoccio vernal, que para nosotros coincide con el inicio de la primavera, corresponde, sin embargo, para el hemisferio Sur con el inicio del otoño. De modo que si decimos que Aries simboliza el renacer primaveral, el resurgimiento de la vegetación, etc., resulta que en Sudamérica estas características no tienen validez, ya que ellos se encuentran en este momento en el otoño; contradicción que verdaderamente no es posible… En realidad, se trata del renacimiento del Sol en su recorrido a través de la Eclíptica, de su nacimiento o aparición sobre el horizonte celeste.

Y esta relación Ecuador-Eclíptica, válida para cualquier punto del globo terráqueo, es la que da origen a los signos zodiacales y sentido a su simbolismo, ya que da lugar a la división en 12 signos (4 elementos: Fuego, Tierra, Aire y Agua, con sus tres fases: Cardinal, Fija y Mutable).

El Zodíaco astrológico se basa, pues, en la intersección Eclíptica-Ecuador y no en una división del cielo estelar en constelaciones.

El valor que la Astrología atribuye a los signos del Zodíaco no está en relación con las constelaciones sino, insistimos una vez más, en la unión entre Ecuador y Eclíptica, base del simbolismo zodiacal.

Este hecho es de capital importancia: los doce signos zodiacales, con una longitud de 30° cada uno, nacen del entrecruzamiento de la Eclíptica con el Ecuador Celeste; es decir, de la relación de la Tierra con el Sol, hecho fundamental ya que se trata de la relación entre nosotros y la estrella de nuestro sistema. El que tras este punto de encuentro entre la órbita del Sol y la de la Tierra se encuentre una constelación u otra no tiene valor especial para nuestra visión astrológica geocéntrica. Eso sí, a esa porción del cielo que se encuentre como telón de fondo al entrecruzamiento de la Eclíptica con el Ecuador le atribuimos el significado de nacimiento, de resurgimiento (el del Sol por encima del horizonte), de inicio de la vida (nuestra vida viene del Sol), de explosión energética, etc. Y a este conjunto de cualidades las agrupamos bajo el simbolismo del signo de Aries, sea cual fuere la constelación de fondo. Es decir, que al punto de encuentro entre la órbita del Sol y el Ecuador Celeste, prolongación éste del Ecuador Terrestre, lo denominamos 0° de Aries, con un simbolismo de nacimiento de la vida. Y es de esta concepción de donde parte la Astrología Tradicional Occidental, llamada «trópica». Por su parte, la Astrología que intenta mantener la correspondencia entre las constelaciones y los signos homónimos, por ejemplo, la hindú, es denominada «sidérea».

 

Triplicidades y Cuadruplicidades: los doce signos

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